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24 jul 2013

Salir del atolladero




Había dos camiones pegados el uno al otro por su parte trasera, y un camionero, con un pie en cada camión, intentaba denodadamente mover un enorme cajón.
Pasó por allí otro individuo que, al ver la apurada situación del camionero, se ofreció voluntariamente a ayudarle. Al cabo de más de media hora de inútiles esfuerzos, ambos estaban sudorosos y de un humor de mil demonios. 

«Me temo que es inútil», dijo el voluntario sin resuello. «¡Nunca conseguiremos sacarlo de este maldito camión!» 

«¿Sacarlo?», bramó el camionero. «¡Santo Dios! ¡Yo no quiero sacarlo! ¡Quiero echarlo más adentro!»
  -Anthony de Mello


Hasta para ofrecer ayuda hay que pedir permiso, pues habrá quien no desee ser ayudado.
Por otro lado, ¿estamos haciendo todo lo posible para salir del atolladero o sin darnos cuenta estamos echando más hacia adentro el problema?





16 abr 2013

La rana en la cazuela con agua 2


Imagen tomada de la red

¿Acaso ya estamos medio hervidos?

La alegoría de la rana nos invita a reflexionar respecto a que, en la vida, un deterioro, si es muy lento, pasa inadvertido y la mayoría de las veces no suscita reacción, ni oposición, ni rebeldía por nuestra parte (1)

Ocurre de esta manera con ciertas enfermedades que tardan años o hasta décadas en manifestarse en el organismo. Sucede también con fenómenos sociales como la violencia, cuya cruda expresión es el resultado de injusticias e inequidades acumuladas durante largo tiempo. De la misma forma, a las parejas no se les extravía el amor de la noche a la mañana sino que, gradualmente van descuidando su relación hasta que ésta se torna insostenible.


Una solución a los dilemas previamente planteados podría resumirse en tres palabras: toma de consciencia. Y aquí es donde evoco a un profesor universitario que ante la pregunta ¿cuál es la clave para vivir una vida que valga la pena? respondía tácitamente: "estar atento. Tan sólo estar atento".

¿Y tú, cuántas horas al día estás realmente despierto?



(1) Olivier Clerc. La rana que no sabía que estaba hervida y otras lecciones de vida.

8 abr 2011

La rana en la cazuela con agua

Imaginen una cazuela llena de agua, en cuyo interior nada tranquilamente una rana. Se está calentando la cazuela a fuego lento. Al cabo de un rato el agua está tibia. A la rana, esto le parece bastante agradable, y sigue nadando. La temperatura empieza a subir. Ahora el agua está caliente. Un poco más de lo que suele gustarle a la rana. Pero ella no se inquieta, y además el calor siempre le produce algo de fatiga y somnolencia.
Ahora el agua está caliente de verdad. A la rana empieza a parecerle desagradable. Lo malo es que se encuentra sin fuerzas, así que se limita a aguantar, a tratar de adaptarse y no hace nada más.
Así, la temperatura del agua sigue subiendo poco a poco, nunca de una manera acelerada, hasta el momento en que la rana acabe hervida y muera sin haber realizado el menor esfuerzo por salir de la cazuela.
Si la hubiéramos sumergido de golpe en una cazuela con el agua a 50 grados, de una sola zancada ella se habría puesto a salvo, saltando fuera del recipiente.


Tomado de: La rana que no sabía que estaba hervida y otras lecciones de vida, de Olivier Clerc.